11

PROYECTO DE ENERO DE ADICTOS A LA ESCRITURA: CAMBIO DE VISIÓN

El ejercicio de este mes consistía en escribir una misma escena desde dos puntos de vista, y aprovechando esta buena idea, me he hecho eco de la historia de una buena amiga. Ella me regaló sus sentimientos y yo le puse palabras, un pequeño homenaje a la memoria de su padre al que quería mucho.
Lo escribí con mucho cariño, por y para ella. Siempre anda atareada dando a los demás y hoy quería regalarle un respiro para que descansara mientras recibe.
Todo lo demás ya se lo he dicho , así que este ejercicio es para ti, por seguir adelante, por ser como eres y por estar siempre.



NO QUIERO QUE TE VAYAS

Le recuerdo así, callado, discreto, introvertido…sumido en sus propios pensamientos que la mayoría de las veces no quería revelar, pero su presencia era constante, como una sombra que te acompaña sin molestar aún cuando la luz desaparece.

Tardó en decirme lo de aquel dolor que desde hacía varios días le molestaba. Tardó en pedirme que le acompañara al médico. Tardó en explicarme que se marchaba y sin embargo se fue rápido, casi sin avisar.
No quiso alargar una despedida que sabía no iba a aceptar. No me dejó pensar en los vacíos, ni en el pasado. Solo quiso que me centrara en su sonrisa, en sus ojos que me hablaban con palabras mudas que yo muy bien sabía descifrar.

Puedo volver a la habitación  blanca del hospital y verlo tendido en la cama, esperando por unas novedades que no llegaban. Veo perfectamente su figura escondida tras los pliegos de un periódico que se esforzaba en leer, atesorando las noticias de sus últimos días. Siento aún su cuerpo en mis manos, sosteniéndole mientras el agua de la ducha caía sobre él intentando bajar una fiebre que se hacía fuerte, llenándolo de un calor maldito, presagiando un final negado por todos.

Aún percibo esa súplica feroz recorriéndome, pidiendo que abriera sus ojos, y mientras lo contemplo vuelvo a ser esa niña a la que llevaba de la mano a todas partes, saboreando la oportunidad de un traspié que le hizo ser mío y solo mío en aquel tiempo pasado y feliz.

Se apagó con premura, como un leño en el fuego avivado por una ventisca inoportuna.
Se fue como vivió, sin molestar, sin llamar la atención, eligiendo el día de mi cuarenta cumpleaños, dejándome como regalo una ausencia eterna.
Miro el reloj de la sala y sus agujas se paran. La hora marca uno de los instantes más felices para mí, el nacimiento de mi hija, y no puedo evitar recordar que ante todo pronóstico él estuvo allí. A pesar de mi insistencia de que no viniera, a pesar de que ese viaje no estaba programado, él supo lo mucho que lo necesitaba. Juntos compartimos el llanto de una niña que venía al mundo arropada por el amor de su abuelo.

Lo dejo ir, envuelta entre casualidades, pensando que el azar es a veces cruel y le digo: adiós papá, no quiero que te vayas….



SIENTO DEJARTE


El dolor es constante y molesto desde hace varios días, pero no quiero incordiar a nadie con mis quejas, sin embargo sé que tengo que decirlo. Le doy vueltas, espero el momento, y quitándole la importancia que sé que tiene, dejo que mi hija me acompañe al médico, casi enfadado por tener que preocuparla.

Y ahora me encuentro en esta habitación, aséptica y con el olor típico de hospital que asusta más que reconforta. Danzan a mi alrededor, me arropan, me besan, me hablan…soy un protagonista que solo quiere ser secundario, consciente de que mi papel está por terminar, ofreciéndoles la mejor de mis actuaciones para que no descubran el fin de la función.

Me escondo tras las hojas de un periódico sin apenas interés en lo que leo, solo sintiendo el papel como un escudo ante su mirada que puede leer lo que no le quiero explicar. Dejo que la fiebre me lleve la consciencia, dejando solo un resquicio para poder sentir sus manos que con tanto amor intentan aliviar un calor que se apodera de mi cuerpo.

Sé que tengo que irme, sé que llegó mi momento, pero intento que no lo sospeche para no causar dolor. Porque eso es lo que he intentando hacer toda mi vida, aliviarla a través de mi cariño. Ella pensando que no estoy y yo siempre presente, un paso por delante para evitar sus caídas, mis brazos siempre dispuestos a cogerla antes de que caiga.

Me dejo llevar, y aún sin poder abrir los ojos, siento su mirada sobre mí, la oigo pedir que me despierte, pero mi sueño es cada vez más profundo.
La hago niña y tomo su mano. La llevo a todos los lugares a los que quiere ir, rendido ante ella, aprovechando todos y cada uno de los minutos que la vida me ofreció en su momento para ser suyo y solo suyo.

Me vienen a buscar. Yo pedí este día. Quiero irme envuelto en el recuerdo de uno de los días más felices, cuando por fin vi el rostro sonrosado de mi hija y su mano agarró mi dedo. Hoy, cuando cumple cuarenta años.
No quiero que me olvide, y cada año me tendrá presente. Seguirá soplando las velas acordándose del día que me fui, sabiendo que sigo a su lado, sonriendo cuando las llamas se balanceen, intuyendo que es mi aliento quien las mueve cuando río con ella.
Cuento los minutos, y en el instante preciso emprendo mi viaje, justo en el momento en el que su alegría fue más intensa,  llevándome los llantos de vida de mi nieta. Un sonido mágico e inolvidable que no me quise perder, porque siempre he sabido cuando me necesitaba, nunca hizo falta que me lo dijera.

Baja el telón y me despido: adiós hija, siento dejarte…

                

11 comentarios:

Maga de Lioncourt dijo...

Es precioso, conmovedor hasta las lágrimas.

Besos!

Esther dijo...

¡Hola!
¿Qué decir? Es muy triste y se me han saltado las lágrimas. Pero todos nos tenemos que ir algún día, aunque no seamos consciente en la juventud. A todos nos llegará nuestro momento, el final de la vida.
¡Un gran saludo y cuídate!

hada fitipaldi dijo...

Es muy triste, a mi también se me han escapado las lágrimas. Pero es muy bonito, la belleza de los sentimientos más universales y a la vez más complejos. Un beso grande!

Rony dijo...

Hola Elo, cada vez que entro en tu blog mis emociones son una autentica montaña rusa, lo mismo rio que lo mismo estoy desgarrada de dolor como en este momento. Es precioso y emotivo.
Hacia mucho que no pensaba en esos dias, me obligue a olvidar, pero no siempre el olvido es bueno. Gracias Elo, sencillamante gracias

Anónimo dijo...

Hola cielo, sin palabras, asi es como me has dejado.
Gracias por compartirlo con todos nosotros, y una vez más hacernos reflexionar.
Besos
lou

alexcv dijo...

Me parece un regalo precioso, hermosas palabras, para alguien que no solo regala sus sentimientos, sino también su amor y atenciones con todos. Eres una maga Elo,
Besos

Roskyy dijo...

Como siempre genial, tienes el don de llegar con tus escritos, un día nos haces reír y otro llorar, que bien plasmas los sentimientos, todavía tengo dos incipientes lagrimas en mis ojos.
fantástico Elo que bien escribes.

Nut dijo...

Me gusta mucho tu estilo, hay un eco poetico en tu forma de desarrollar la historia. Es un buen relato y tu escribes realmente bien. Estoy deseando volver a leer algo tuyo.

Déborah F. Muñoz dijo...

se me han saltado las lágrimas, me encanta cómo escribes (yo soy incapaz de ser tan poética, tiendo a contar las cosas muy directamente)

Elo dijo...

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios.Se que es triste, pero es la vida, y la protagonista de la historia también lo sabe, pero es fuerte y sigue adelante :D

Gracias Nut,al menos lo intento.. aunque sé que aún me falta mucho por pulir.Espero subir algo en unos días.

Un besito a tod@s

Marcos DK dijo...

Llevo mucho retraso con vuestros ejercicios (las clases) y escogí mal momento para leer el tuyo. No te imaginas lo que me ha costado no ponerme a llorar delante de toda la clase, que la tengo ahora mismo haciendo un ejercicio...

Es una experiencia deliciosa dejarse llevar por tus palabras y sentir realmente cada segundo de la historia. Me agarro al título de tu blog: Cuenta, cuenta, cuentanos todo lo que quieras que me encanta leer cada una de tus lineas.