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LA FURIA DE LA EDAD DORADA


Advertido quedas cuando compras tabaco: "fumar puede matar", aunque realmente  deberían avisarte de los peligros externos de este malsano vicio.
La crisis ha hecho mella en todos nosotros, y uno anda trampeando euro a euro para llegar a fin de mes.Como soy una viciosa, y además del tipo nervioso, no soy capaz de dejar de fumar, aunque sepa que con el ahorro de un año me pueda dar algún que otro capricho, así que me he pasado al tabaco de liar, menos estético, pero más barato.

Ni corta ni perezosa, me hice con todos los instrumentos necesarios para tal fin.
A saber: boquillas, papel de liar, tabaco y una maquina infernal para poder  tener entre mis dedos un cigarro más o menos decente.
Si uno fuma a veces , no por puro placer, sino para calmar la ansiedad, no recomiendo este método, porque antes de que termines ya te has abierto las venas en canal o te has tirado por una ventana.
Otro problema añadido es que no hay bolso que resista tal cantidad de aparejos, con lo cual ,echando la vista atrás hasta alguna noche de mis años jóvenes, lío a mano cuando no estoy en casa.

Con todo esto, salgo una tarde preciosa con mi hijo al parque, y mientras él no me hace ni caso, me siento con tranquilidad en un banco, y sin poder evitarlo me entran unas ganas tremendas de encender un pitillo.
Saco los bártulos , y con tremenda concentración me dispongo a tan ardua labor.

Craso error el mio.

Junto al parque hay un centro de recreo para mayores que hacen la ronda de tarde entre niños y madres.
Adorables  ancianos se sientan junto a ti, con sus pasos lentos, sonrisas amables e historias de dolores varios.

Una mujer que rondara los setenta y nueve, me mira de reojo, pero cuando comienzo a preparar mi dosis de nicotina, los ojos parecen salirse de sus cuencas, su boca se abre desmesuradamente, y sus manos no dejan de hacer aspavientos.

Asustada pienso que le va a dar una trombosis o un amago de infarto, y solicita me acerco a ella dispuesta a practicar los primeros auxilios.

Antes de que mi trasero se despegue del asiento, la mujer con una agilidad asombrosa, se levanta y comienza a gritar.

- ¡No tiene vergüenza! ¿Cómo puede hacer eso en un sitio lleno de niños? María ven corriendo....

Y efectivamente.María que con toda probabilidad está operada de la cadera, corre hacia nosotras, seguida de Pedro, Juan ,Vicente, Francisca y demás pandilleros octogenarios.

Estupefacta me veo rodeada sin dar crédito a la situación.

Juan me llama drogadicta. Pedro me acusa de sinvergüenza. Francisca me vocea yonqui, y Vicente entre la confusión me piropea con un "buenorra".

Intento explicar que lo que tengo entre mis manos, no es mas que simple tabaco, pero la excitación que corre por sus venas  junto a la dosis reciente de "Sintrom", "Adiro" y "Spidifen", les confiere unos poderes sobrenaturales que se ponen de manifiesto en cuestión de segundos.

No son bastones para ayudarles a caminar lo que llevan en sus manos. Son instrumentos para matar que esgrimen ante mi costado, apaleando y pinchando. Utilizan armas de destrucción masiva disfrazadas de toses lluviosas. Sus implantes de rótulas, dotan a sus patadas de ángulos precisos , que inciden directamente en el punto más doloroso de mis espinillas.

Son ninjas de la tercera edad en plena vorágine asesina.

Mis salvadores son ángeles vestidos de azul. Una pareja de la policía local, se acerca avisados por madres temerosas ante tal violencia gratuita, mientras sus hijos jalean sin recato, apostando por el abuelo de la boina negra.

Con alivio compruebo que el malentendido ha llegado a su fin y que el orden se ha impuesto.

Los justicieros expertos en artes marciales , se camuflan de nuevo en sus trajes de ancianos artríticos , sin que nadie sospeche su verdadera identidad.

La moraleja de esta historia debería ser sin duda, que el tabaco es perjudicial para la salud, y que por lo tanto ante esta experiencia surrealista , yo habría dejado de fumar.

Nada más lejos de la realidad.

Aún con el susto en el cuerpo arrastro de la mano a mi niño hasta el estanco más cercano. Y no compró un paquete de tabaco. Compró un cartón, renunciando a la pizza de la cena y reemplazándola por un par de huevos con chorizo que son muy españoles.

Por cierto, de momento no he vuelto al parque.Ahora llevo al niño a clases de Karate, y mientras tanto le espero en la cafetería  tomando un café y fumando un cigarro.


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2 comentarios:

INFECTADO CERO dijo...

jjajajajajj A mi me ha pasado. Lo que hago es llevarme el tabaco liado en una pitillera que me regalaron monísima y saco mis cigarritos superfinitos. Pero si los abueletes son los primeros que se lían sus cigarros. Ay ay ay esta juventud otoñal está que se sube por las paredes. Buenísimo. Besos zombies

Cuquisev dijo...

Está genial sin ninguna duda.Quiero mas como este que me he reido mucho.Besos.